CRÓNICAS ACADÉMICAS | Ciencias y pseudociencias, ¿quién se adueña de la pelota?

Es sábado a la tarde y Palermo lo sabe. En el corazón del barrio porteño, el Centro Cultural de la Ciencia (C3) convoca una fila de hinchas expectantes para un superclásico diferente. Se trata del encuentro “Ciencia y No Ciencia: despejando mitos” realizado el pasado 4 de mayo, por iniciativa de la Asociación de Astronomía con el apoyo de la Asociación para el Progreso de las Ciencias y la Red de Periodismo Científico, todas de Argentina.

Son pasadas las 17 y una selección de la liga de la ciencia sale a la cancha. Incluye al físico, músico y divulgador Alberto Rojo, al matemático y escritor Guillermo Martínez, al biólogo y divulgador Diego Golombek, a la periodista científica Valeria Román y a la investigadora en ciencias sociales y también periodista científica Ana María Vara.

Del otro lado, el equipo contrincante de las pseudociencias integrado por “la desinformación, las creencias sin sustento y el pensamiento mágico”, tal como lo definió al abrir la contienda Leonardo Pelliza, presidente de la Asociación Argentina de Astronomía y también conocido por su reciente rotación mediática, destinada a desmentir teorías terraplanistas.

La tribuna, por su parte, es numerosa y heterogénea, reúne simpatizantes de más de dos equipos.

Alberto Rojo abrió el partido y jugó de “taquito” con el humor y los datos para desarmar creencias homeopáticas y astrológicas. Para que funcionen, sostuvo, “se necesitarían nuevas fuerzas de la naturaleza”. Detalló la fórmula de dilución de los medicamentos homeopáticos (una gota de sustancia en noventa y nueve de agua) y aseguró que “habría que tomarse galaxias y galaxias de ese líquido para garantizar que sirva”.

Rojo también le hizo “sombrerito” a la astrología al comparar la influencia de los astros sobre las vicisitudes humanas con la fuerza de gravedad que ejerce sobre nosotros el Obelisco de Buenos Aires al cruzar la Av. 9 de Julio. Y cerró con un consejo maradoniano para el rival: “en vez de flores de Bach les recomendaría los yuyos de Yupanqui”.

La pelota pasó a los pies del autor de “Los Crímenes de Alicia”, Guillermo Martínez, quien reconoció que “enfrentamos un problema difícil, los que sostienen estas creencias se sienten superiores intelectualmente tal como nosotros frente a ellos”. Y fue a fondo al proponer un juego nuevo: crear un “observatorio de la ciencia” que refute los datos falsos en los medios. “En las redes sociales el caníbal encuentra al que quiere ser comido”, dijo Martínez. E insistió: creemos “trolls” de la ciencia para que esta tenga su propia masa crítica.

Valeria Román hizo un alto para actualizar el “fairplay” en el juego periodístico: poner en pie de igualdad ambas posturas afecta la percepción pública de la ciencia, sostuvo. Ana María Vara recibió el balón desde las ciencias sociales y se explayó sobre la cuestión de los límites y las controversias en un discurso extenso que tuvo carácter de ponencia.

Diego Golombek lució, a los ojos de estos cronistas, la camiseta número diez. En una jugada distinta, difícil de seguir hasta con el VAR, salió de la cancha y se mezcló con la tribuna: “por qué creemos en lo que creemos” preguntó a todos, ciencias y no ciencias. Y desde la hinchada pidió un cambio, no de jugador sino de planteo del juego: “estamos pifiándola en la estrategia. No podemos oponer los mecanismos de la razón y la emoción. No va a funcionar. Hay que anteponer la ignorancia a la certeza. No es una lucha, pero si la hay, nuestra arma puede ser la ignorancia”, sentenció el biólogo de la Universidad Nacional de Quilmes. Allí su equipo se desconcertó y la hinchada gritó gol.

Un solo tanto, sin embargo, no alcanza para ganar el partido y menos un campeonato mundial como este. El rebrote de sarampión es un hecho, las universidades de astrología y los millones que facturan las empresas que fabrican homeopatía, también.

La propuesta de Golombek se parece a lo que sucede en el asado una vez que termina el partido. Los bandos desaparecen, la pelota ya no se disputa y la escena la gana la charla. Escuchar, ofrecer emoción más que razón y defender la ignorancia como una puerta que se abre igual para todos es la estrategia que recomendó el científico. Y se sintió un eco fuerte del “Lugar a Dudas” que late en el corazón del C3.

*Por Federico Barbaro, Vanesa Cordara, María Eugenia Fazio, Manuel Jove y Carlos Vázquez (Taller de Periodismo Científico, 1ª cohorte 2019, Licenciatura en Comunicación Social)

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