La UNQ en Nature Communications: un nuevo paso en las terapias para combatir cáncer

Con el coronavirus, la ciencia no se detiene. Y los investigadores de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ) tampoco. De manera reciente, Pablo Lorenzano Menna, doctor de la UNQ (con mención en Ciencias Básicas y Aplicadas) y director del Laboratorio de Farmacología Molecular, participó en la publicación de una ambiciosa investigación difundida en Nature Communications. “Nuestro papel en el trabajo se originó a partir de una colaboración con Xosé Bustelo, un investigador de la Universidad de Salamanca y referente de la investigación en cáncer. En el paper se vuelca un largo estudio acerca de una familia de proteínas denominadas VAV, sus relaciones con la señalización celular y con la biología del cáncer”, inicia con su explicación.

Sin embargo, ¿cómo comenzó todo? Hace unos años, en Argentina, se realizó una reunión científica con amplia asistencia de estudiantes de doctorado, que tuvieron la chance de relacionarse con investigadores de referencia a nivel internacional. A ese evento asistió Bustelo y Lorenzano Menna conversó con él. Al parecer sus líneas de trabajo tenían varios puntos en común. “Resulta que las proteínas VAV estaban muy relacionadas con un proyecto en el que, personalmente, venía trabajando desde hace mucho. Había desarrollado un inhibidor farmacológico que funcionaba para distintos modelos tumorales y que servía como un potencial tratamiento para cáncer”, señala. Luego continúa: “En aquel momento lo patentamos y lo desarrollamos con una empresa biotecnológica del rubro”. El compuesto –denominado “1A116”– está a la venta para uso en investigación, es decir, como una herramienta para profundizar los conocimientos aplicados en el campo de la oncología molecular.

“Junto a Nazareno González (el otro autor que en aquel momento pertenecía a la UNQ) trabajamos mucho al respecto. Él hizo el doctorado conmigo y en 2017 estuvo con una estadía en el laboratorio de Bustelo por cuatro meses. Hizo un montón de experimentos con el inhibidor farmacológico nuestro y, por ello, fue incorporado en este trabajo que se publicó en Nature Communications, un artículo mucho más amplio que condensa resultados de aproximadamente una década de dedicación”, describe.

Bajo esta premisa, ¿cuál fue el aporte concreto de los científicos de la casa en el artículo? “Los datos que aportamos ofrecen un indicio hacia la aplicación porque se demostró, a partir de la relevancia de las proteínas VAV en cáncer, que el compuesto que fabricamos nosotros es capaz de revertir esa malignidad. Es un inhibidor que cuenta con un espectro bastante amplio de acción antitumoral. Hoy podemos afirmar eso, aunque originalmente, cuando lo diseñamos, no pensábamos en VAV sino en otras proteínas”, dice.

En la investigación que se plasma en el artículo los ensayos fueron en cáncer de cabeza y cuello, sin embargo, Lorenzano Menna y su equipo en la UNQ han comprobado resultados en mama y en tumores vinculados al sistema nervioso central. “El glioblastoma –cáncer que afecta al cerebro– es una enfermedad que no tiene cura. Los médicos, de hecho, no tienen ninguna herramienta cuando les toca un paciente con esta patología. La sobrevida que se obtiene con el tratamiento es muy poca, apenas unos meses. De aquí la importancia de continuar con nuestros trabajos, que vienen exhibiendo un adecuado desempeño en etapas preclínicas con gliomas”, asegura.

En la actualidad, junto a Alejandra Zinni –directora del Departamento de Ciencia y Tecnología en la UNQ– Lorenzano Menna dirige el Laboratorio de Farmacología Molecular. Desde ese lugar, concentra sus esfuerzos en el desarrollo de otros compuestos. “Hoy nos enfocamos en el diseño de dos candidatos antitumorales enfocados en cáncer. Uno de los blancos terapéuticos se llama ‘Ido1’, una molécula muy interesante que estamos trabajando para poder inhibirla; la otra se llama ‘Pkm2’, una enzima que también está involucrada en cáncer y la vemos muy atractiva”, narra. Para ello, emplean metodologías que combinan herramientas computacionales –que colaboran en el manejo de grandes volúmenes de datos– y de validación in vitro. En síntesis, realizan un diseño racional de fármacos asistido por computadora. Se apoyan en la ciencia básica, pero con el objetivo de que sus conocimientos lleguen a los pacientes. He allí la cuestión.

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