CRÓNICAS ACADÉMICAS | Guardianes de libros raros

El Museo Americano de Historia Natural brindó una excursión virtual por algunos incunables y grandes obras de historia natural.

Los libros siempre fueron piezas claves para el desarrollo de las ciencias y sus comunicaciones. En particular, muchos de los dedicados a la historia natural son, además, obras de arte que guardan joyas del grabado, la ilustración y la pintura manual. Buena parte de los museos de ciencias del país, la región y el mundo tienen bibliotecas que protegen estos tesoros de la cultura y la naturaleza.

La Biblioteca del Museo Americano de Historia Natural de Nueva York es uno de estos casos y se destaca por su sala con libros raros sobre historia natural. Son ejemplares distintos por su contenido, antigüedad o tamaño peculiar, e incluyen obras sobre criaturas extintas y con formatos extravagantes. A través de la RedPOP, sus cuidadores Tom Baione (director de la Biblioteca) y Mai Reitmeyer (bibliotecaria principal del Servicio de Investigaciones) ofrecieron -el último jueves de marzo- un paseo digital por su zona de guardia.

El libro más antiguo de este “gabinete de curiosidades” es de 1495, muy poco después de la creación de la imprenta. Fue escrito por el filósofo medieval Alberto Magno y publicado en Venecia (Italia). Es un diccionario de especies de animales, ordenado alfabéticamente y basado en los trabajos que el propio Aristóteles (siglo IV a.C.) hizo sobre este tema.

Junto al más antiguo, el paseo digital incluyó una parada para conocer la incorporación más reciente a esta colección de libros raros, que se destaca por su contenido exótico. Es un estudio sobre el inusual aye-aye, un lemur de Madagascar con orejas de murciélago, cola de zorro y predilección por los árboles. Fue realizado por el científico inglés Richard Owen y publicado en 1863. Cual “lobo feroz” de Caperucita Roja, el aye-aye usa sus grandes orejas para oír a las larvas dentro de las ramas, hacer un hoyo con los dientes y sacarlas -con uno de sus dedos que es sorprendentemente delgado- para alimentarse. El primate de esta historia tiene, además, hábitos nocturnos. Y eso obligó a su ilustrador personal, el famoso artista de la época Edward Lear, a estudiarlo a la luz de las velas en el Zoológico de Londres para retratarlo en unas (muy vanguardistas) láminas pop-up que dejan ver sus detalles en tamaño natural.

El libro más pesado de esta colección también fue parte del tour virtual. Se trata de otra excentricidad cuyos dos volúmenes pesan, en conjunto, cerca de 50 kg. La historia ilustrada que cuentan es sobre una antigua colección de piezas de jade donada al Museo Metropolitano de Arte (MET, Nueva York) por el filántropo Haber Bishop. Este ejemplar del inicio del siglo XX incluye textos sobre la ciencia del jade y sus usos culturales, junto con ilustraciones  de piezas arqueológicas y libros chinos que explican la técnica y los procesos para tallar el material.

Altos y cortitos también se dejaron espiar entre anaqueles. Los de altura estuvieron representados por el libro Aves de América, en el que su autor John James Audubon las reproduce en tamaño natural. En el otro extremo, los más bajitos se presentaron en cantidad con un ejército de 45 tomos que ilustran, también en tamaño real, una colección alemana de insectos de finales del siglo XVIII y principio del XIX. Estos libros -fáciles de transportar por su tamaño- presentan un insecto por página para usarlos como guía de campo. Se publicaron en más de 100 partes durante 17 años, de forma similar a la suscripción a una revista. La imagen de cada insecto fue grabada en blanco y negro, y luego coloreada a mano con acuarelas.

El Museo Americano de Historia Natural también convierte varias de sus publicaciones destacadas en exhibiciones. Algunas de ellas incluso están traducidas y disponibles para viajar por el mundo. El primer libro en transformarse en una muestra de paneles verticales fue Historias Naturales: extraordinarias selecciones de libros raros, con cuarenta ensayos de científicos y bibliotecarios sobre historia natural. La exposición incluye la reproducción de una lámina de madera tallada del siglo XVI, creada para imprimir la imagen de un pulpo en el libro Historia animalium de Conrad Gessner.

Una publicación sobre las primeras expediciones que marcaron el nacimiento de la oceanografía, también se transformó en una muestra de este Museo. Se trata de Océanos Opulentos: organismos que viven en los océanos, y presenta imágenes de las criaturas menos conocidas que viven en los océanos, como el calamar vampiro y los copépodos bioluminiscentes.

El Museo Americano de Historia Natural fue creado en 1869 para coleccionar especímenes, artefactos y libros. Su biblioteca, además de la selección de libros raros, incluye revistas, registros fotográficos, obras de arte, películas de cine y objetos.

Este paseo virtual por sus exhibiciones y la colección de rarezas deja a flor de piel la curiosidad por las y los guardianes de bibliotecas y muestras de los museos de nuestra región: ¿Quiénes son? ¿Dónde están? ¿Qué tesoros guardan? ¿Se pueden visitar? ¿Qué ocasiones podemos crear para descubrirlos e incluso entablar diálogos con nuevas audiencias y reservorios culturales del resto del mundo?

La actual pandemia inauguró un nuevo capítulo de nuestra historia científica y también instaló rutinas virtuales que, aunque a veces molestan, pueden ser una gran oportunidad para reunirnos en torno a libros y muestras sobre la historia natural y cultural de nuestro país y la riquísima Latinoamérica, muchas veces ocultas e inaccesibles. ¡No perdamos la oportunidad de poner en valor nuestro acervo de conocimiento!

*Por María Eugenia Fazio, docente investigadora UNQ.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *