Bernabé Malacalza: “Vamos hacia un mundo de pandemias permanentes, hay que estar preparados”

Así lo refiere el docente e investigador de la UNQ en este diálogo con La Ciencia por otros medios.

Pensar la geopolítica es pensar la desigualdad. En el siglo XXI, el capitalismo exhibe su cara más grosera: la brecha entre las naciones ricas y las pobres se incrementa a tal punto que, mientras algunos Estados acapararon dosis para inmunizar cuatro veces a sus ciudadanos, hay otros que no inocularán ni una sola vacuna en este 2021. ¿En el medio? Las naciones en vía de desarrollo que, como Argentina, buscan ingeniárselas para hacerse de un recurso tan estratégico como escaso. Para poder comprender la dinámica que se teje alrededor de la pandemia, para quebrar esquematismos y reflexiones lineales, desde La Ciencia por otros medios dialogamos con Bernabé Malacalza, docente e investigador en el Departamento de Economía y Administración de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ) y del Conicet. Este doctor en Ciencias Sociales (FLACSO) analiza cómo los gigantes mueven sus fichas, en medio de una partida que se revela casi infinita y de la que quieren participar muchos jugadores, aunque no todos pueden.
 
¿Por qué lo que sucede con las vacunas se puede pensar a partir de una mirada geopolítica?
-Lo primero que hay que hacer es tratar de pensar en qué mundo estamos inmersos. Un planeta atravesado por dos grandes transformaciones globales: la concentración y la difusión del poder. La primera se lleva a cabo a partir de un proceso de transición hegemónica (protagonizado por EEUU y China), mientras que la segunda se relaciona con las características de un poder cada vez más fragmentado, con un peso creciente de las corporaciones sobre los Estados.
 
¿Y cómo se advierte esto en la pandemia?
-En la pandemia ganan los Estados más poderosos pero también las corporaciones, los grandes laboratorios farmacéuticos.
 
¿Solo los Estados poderosos son los que inmunizan más rápido a su población, o bien, también se ponen en juego otros factores?
-Muchos. Hay un dato elocuente: el país que más rápido vacunó a su población no es Israel sino Bután, que aceleró su proceso gracias a la llegada de insumos por parte de la India, uno de los productores más relevantes de vacunas en la escena mundial. También hay otras naciones que inocularon muy pronto y que rondan el 60% de su población inmunizada: Maldivas (destino turístico de los indios) se acerca a ese porcentaje gracias a vacunas de AstraZeneca elaboradas en la India; Malta hizo lo propio con Pfizer/BioNTech en Europa; Mongolia protegió con dosis de Sinopharm, Sputnik V, AstraZeneca y a las que accedió a partir de Covax (mecanismo de la OMS para distribuir diversas plataformas vacunales).
 
Son todas naciones pequeñas…
-Sí, pero hay casos más cercanos y que se pueden referenciar, como Chile y Uruguay. Un porcentaje muy alto de las dosis que adquirieron y ya aplicaron en el vecino trasandino corresponden a la Sinovac (empresa privada China). Hay que recordar que tanto Chile como Uruguay son miembros de la Belt and Rode Initiative (“La nueva ruta de la seda”),  una ola de fondos chinos para grandes proyectos de infraestructura en todo el mundo impulsada por el presidente Xi Jinping. Son factores que pesan al momento en que las potencias eligen los destinos hacia donde negociar sus dosis. Y, finalmente, el caso más relevante es el cubano: la isla está por comenzar a inmunizar a su población con tecnologías propias. Pese a los bloqueos de insumos y a ser un país en desarrollo, logra el objetivo. Juegan muchísimas variables, tanto los aspectos endógenos y propios de cada país, así como también la política exterior y las estrategias que plantean.
 
En este marco de países en vías de desarrollo que también realizaron una buena gestión para obtener o producir sus vacunas, ¿qué puede decir acerca del desempeño de Argentina?
-El país se anticipó muy bien a lo que luego se convirtió en un éxito y consagración como fue la vacuna Sputnik V. Fue de los primeros en solicitarla y aprobarla para su uso; y ello lo benefició tanto para recibir las primeras dosis, como para convertirse en un eslabón en la cadena de producción de la propia vacuna (se refiere a V.I.D.A que próximamente será fabricada en Argentina por el Laboratorio Richmond). Una tecnología que también se elabora en Corea, India, China, Egipto, Italia, Brasil, Serbia y Kazajstán. Salvo por China, Rusia juega con países emergentes; es parte de su plan de desconcentración de la fabricación. Nuestra nación se aferró a su vínculo con Moscú, pero a la vez mantuvo la diversificación de su cartera: fue por AstraZeneca en alianza con México, fue por Sinopharm, mantiene las negociaciones con Pfizer y con otros laboratorios.
 
Hasta ahora Argentina ha trabado vínculo con Rusia, China y Reino Unido. Estados Unidos –que ya inmunizó al 50% de su población y un 30%, aproximadamente, no quiere inocularse pese a que podría hacerlo– comenzará a realizar su juego geopolítico. ¿Qué piensa al respecto?
-Estados Unidos ya empezó a jugar a partir del envío de las dosis de AstraZeneca a Canadá y a México. Biden tiene planificado mandar lotes a América Central, el patio trasero, y cuenta con un sobrante muy importante de la Johnson & Johnson que también pondrán a jugar. El ritmo de su vacunación avanza al 10% mensual, con lo cual, espera llegar a la inmunidad de rebaño para el 4 de julio y proclamar esa fecha como “El día de la independencia del Covid”. En el presente, los contagios y las muertes se redujeron muchísimo y están saliendo de la pandemia. Próximamente comenzará a trabar acuerdos con otros países de la región. Me refiero a Colombia, Ecuador y, tal vez, Brasil o Chile. EEUU también priorizará el factor geoestratégico en sus elecciones. 
 
De manera reciente, Biden apoyó la iniciativa de India y Sudáfrica para suspender las patentes…
-Sí, pero hay que recordar que más allá de que signifique una buena noticia, llevará mucho tiempo que aquellos países que todavía no lo hacen elaboren sus propias vacunas. Esto es como la cocina: tener la patente es tener la receta (para evitar la penalidad y el pago de regalías), pero también se necesitan los secretos del chef (el know how, la transferencia tecnológica), los ingredientes y los insumos (EEUU y la Unión Europea son los principales proveedores de la materia prima en estos casos), así como también la cocina (la infraestructura) y los cocineros (los científicos). Argentina es un país, por ejemplo, que tiene capacidades instaladas en este último sentido; el problema es que también se necesita de financiamiento, transporte y almacenamiento. El asunto es más complejo de lo que parece.
 
De modo que Estados Unidos juega a dos puntas: promueve suspender las patentes y al mismo tiempo retiene los insumos críticos que el mundo necesita para poder producirlas.
-Lo del apoyo a la suspensión, si bien es simbólico, puede tener un efecto al mediano plazo en el período post-pandemia porque la demanda de vacunas continuará y será constante. Nuestro país, en unos meses, podría consolidarse como productor local e, incluso, comenzar a exportar a la región. Ello podría contribuir, a nivel doméstico, para ubicar al modelo de desarrollo endógeno (que invierta en CyT y con una mirada a largo plazo) en la agenda. Vamos hacia un mundo de pandemias permanentes, hay que estar preparados. No solo es probable sino que es muy posible tener nuevos eventos de escala similar en que la resiliencia del país se ponga en juego. Producir vacunas y exportarlas permitirá a Argentina desempeñar ese papel de “buen ciudadano internacional” y mejorar su prestigio. La nación está dando muestras de estar en condiciones de compartir el talento y el conocimiento a otros países de la región. Tenemos mucho para ofrecer.

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