El barrio hecho noticia

Los pibes y las pibas se convierten en periodistas. Se vuelven actores principales, protagonistas de sus propias vidas. Vidas que narran y que cuentan como nadie porque conocen como nadie. Cuando se enciende la luz roja de la cámara, por fin, comienza la acción: comparten sus historias con el propósito de dejar de ser contados por alguien más y para mostrar al mundo lo que ellos representan y valen. Lo hacen a su modo, colocando los acentos en las problemáticas que los identifican y les resultan importantes. En el proceso, aprenden a realizar coberturas noticiosas y, como resultado, construyen textos audiovisuales con anclaje territorial. Sus miradas se vuelven las miradas. El desafío principal es diseñar una agenda propia, capaz de hacer circular sus percepciones, ideas y valores en el espacio público; ese que tradicionalmente les da la espalda.

Cronistas barriales se enmarca en el programa de extensión “Comunicación, Participación y Ciudadanía” y en él, desde 2012, se comprometen docentes, graduados y estudiantes de la Licenciatura en Comunicación Social y miembros del Programa de Producción Televisiva de la UNQ. Es un producto hecho y pensado por jóvenes de barrios del conurbano que, tras educarse en el uso de las tecnologías y en el lenguaje audiovisual –de una vez y para siempre– la cuentan como quieren.

¿Cuál es el principal objetivo? “Brindar herramientas a los jóvenes de escuelas y organizaciones sociales de la zona para producir noticias televisivas y generar una conciencia crítica sobre la producción informativa y el papel que la información cumple en la sociedad”, describe Daniel González, director de la iniciativa. Y completa: “el tratamiento televisivo del conurbano es gris, con una luz azul intermitente sobre las paredes, delincuente e inseguro. Sin embargo, sabemos que esos barrios están llenos de proyectos sociales y culturales y perspectivas propias de los grandes temas del discurso social”.

Las prácticas periodísticas implican prácticas políticas. Quien conoce el mundo y lo cuenta necesita menos que otro se lo explique. Desde aquí, la posibilidad de comunicar está colmada de tensiones en la medida en que disputar la palabra también es problematizar y discutir el poder.

Cronistas se ubica como un espacio que orienta sentidos de un modo alternativo y, por ello, distinto y contrahegemónico. Los productores de noticias se tornan sujetos de derechos que se destacan por visibilizar y denunciar cómo las políticas neoliberales –financierización y especulación, primarización económica, desregulación, privatizaciones, precarización laboral, etc.– de los noventas pero también las del presente perjudican, sobre todo, a los sectores más desfavorecidos de la sociedad.

Como en la TV está ausente el conflicto social que se vive en la calle, narrar otras realidades desde otras perspectivas se torna un requisito ineludible. Por eso, el propósito es que distintos actores de la sociedad –a menudo negados, desplazados y tirados del mapa– se alfabeticen en el uso de las herramientas de la comunicación. Y que a partir de allí produzcan información vinculada a sus problemáticas cotidianas –peticiones a los municipios para que atiendan sus necesidades–; a preocupaciones grupales, asociadas a conflictos estructurales de la sociedad que desean resolver –como la violencia de género y la penetración del mercado de drogas en los barrios populares–; así como también, a expresiones artísticas –grafitis, rap, cumbia– que los interpelan en sus individualidades más profundas. Bajo esas condiciones, como resultado, las narrativas audiovisuales adquieren ritmos variopintos, con un estilo frontal que va al hueso y se exhibe mediante palabras y gestos tan diversos como enriquecedores.

Las capacitaciones son brindadas por profesionales de la UNQ. El compromiso es claro y sencillo: democratizar las condiciones de acceso y participación en la comunicación y, luego, volver al barrio para reproducir lo construido. Con esta lógica se realizan entre tres y cuatro emisiones al año. No obstante, el camino es largo. “Los pibes se identifican mucho con el proyecto, se sienten parte. Incluso, cuando nos demoramos en llamarlos nos lo recuerdan con insistencia y ello es muestra de algo muy positivo. Se sienten orgullosos y nosotros en deuda, ya que a pesar de todo el esfuerzo brindado todavía falta mucho. Estamos por buen camino”, concluye González.

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