Editoriales independientes: libros que ladran, ideas que muerden

Quinientos mangos en los bolsillos y una cola de dos cuadras nos separan de nuestras mejores ganas de ingresar a la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, que hace de local en Palermo. El ingreso es a los tumbos, como en la cancha. Paso un molinete, me piden el ticket que acabo de guardar y lo cortan a la mitad. Ingreso, es un mundo de gente. Stands por todos lados; los carteles que más resaltan son de las editoriales gigantes –Penguin Random House y Planeta– que –no por casualidad– ocupan el centro del pabellón principal. La muchedumbre se estaciona allí, hacen filas interminables, todos están nerviosos: los lectores por no poder leer, los libreros porque alguien se robe algo que después deban reponer de su sueldo.

Pero ojo, porque otro recorrido es posible. Sin tanta marquesina, pero con dosis equivalentes de talento y frescura aguardan en los bordes las editoriales independientes. Que saben lo mismo de márgenes que de rebeldía, que ya no se quedan calladas, que gritan en silencio en medio de tanto ruido, que editan sin patrón porque están convencidas de que otra comunicación es posible. En este nuevo viaje de cuarenta minutos se suma alguien más. Es Daniel Badenes, docente investigador de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ) y especialista en el tema. Durante el camino describe las principales características de las experiencias independientes; comparte dónde radica el compromiso político que las caracteriza; y cuenta los detalles de la “9° edición de la Fiesta del Libro y la Revista”, la feria universitaria más emblemática de todas, que se celebrará en septiembre y que tiene el orgullo de coordinar.

-Hablemos de tu proyecto de investigación: “La edición en la era de las redes. Entre el artesanado y las tecnologías digitales”…
-Nuestro trabajo tiene que ver con construir un mapa sobre un sector dinámico y heterogéneo que conforman las denominadas “editoriales independientes”. Buscamos construir una mirada federal para superar el mero conocimiento respecto de la experiencia porteña y desplegar un análisis multidimensional, esto es, que tenga en cuenta factores económicos, sociales, culturales y políticos.

-La pregunta que sigue también vale para el periodismo. ¿Pueden considerarse verdaderamente independientes? ¿No tienen sus propios intereses?
-La expresión “independiente” es incómoda, concuerdo. La asociación con el periodismo es indefectible y está muy bien. En el ámbito de los medios comunitarios y populares este concepto no es empleado usualmente, salvo en el caso de la gráfica. En el mundo de los libros y las revistas se lo utiliza para marcar una distancia, por un lado, de los procesos de concentración económica y, por otra parte, respecto de lo institucional. Es decir, ser independiente es no pertenecer al Estado.

-Sin embargo, ser independiente no clausura el compromiso político.
-Por supuesto, independencia no equivale a neutralidad. La apuesta política está en defender la potencia del deseo y la libertad del catálogo, y también en confiar en los libros más allá del rédito económico. En el amplio abanico de posibilidades, algunas tienen más vínculo con movimientos sociales mientras que otras aportan sus condimentos desde otro lugar. Visibilizan, por ejemplo, la necesidad de traducir a un autor y de compartir sus ideas ocultas. En los 80, en Quilmes se editaba una revista literaria llamada “El molino de pimienta” y su subtítulo era “Revista dependiente”. En su primer número señalaba con claridad: “La revista dependerá de la generosidad de los amigos, del humor del imprentero, del grado de alfabetización del comisario”.

-Qué linda cita. Entonces, sinteticemos: ¿cuál es el rasgo principal que las diferencia del resto? No son estatales pero tampoco pertenecen a grupos privados concentrados: ¿qué son?
-Junto a las universitarias, las editoriales independientes son las principales responsables de aportar bibliodiversidad y tienen una fuerza considerable en países como el nuestro, como contracara a los grandes grupos que dominan la industria editorial y han conseguido jugosas porciones del mercado desde comienzos de los 90. Penguin Random House y Planeta controlan el 50% del sector editorial en castellano.

-Eso es un montón. Situación que se puede percibir en la distribución de espacios en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Ambas se ubican en el centro con los stands más grandes…
-Exacto. Ambas colonizan el centro del Pabellón Verde junto a un puñado de grandes librerías. Poseen stands que representan unas 20 veces los espacios en los que se ubican las editoriales independientes, ancladas en sitios gestionados de manera colectiva y con estrategias asociativas. Aun pagando una entrada y más allá de someterse a una experiencia que embota, con independencia de si guste más o menos, constituye el evento editorial más validado por la sociedad. Reúne a más de 1 millón de personas cada vez que se realiza.

-Lo bueno de la Feria es que, más allá de los centros, también habilita el trazado de recorridos distintos…
-Sí, claro. También permite a los lectores visitar a las editoriales independientes, y así conocer otras maneras de producir libros, de distribuirlos, de componer catálogos (práctica condicionada económicamente pero que goza de mayor libertad) y, en definitiva, de descubrir diversas formas de organizar el trabajo (con predominancia de la autogestión). Las independientes suponen la creación de comunidades de lectores mucho más cercanas.

-Ello se advierte muy bien en la Fiesta del Libro y la Revista que se organiza desde la UNQ…
-Exacto. En septiembre tendremos la novena edición y estamos muy contentos. Sin dudas, es la feria de editores independientes y universitarios más grande que se realiza en una universidad pública y emerge de la preocupación plasmada en un proyecto de extensión. Además, propicia algo único: que la persona que está en el stand sea el propio editor transforma por completo el encuentro del lector con el libro y el catálogo.

-Ya que lo mencionás, ¿a qué tipo de lectores apuntan estas editoriales? ¿Necesariamente es un público que ya revisó la lectura masiva y se desencantó?
-Pienso que hay de todo. Hay muchos lectores que consumen el mainstream y también las producciones de las independientes. Lo que ocurre es que las grandes editoriales apuntan al best seller, productos que cosechan públicos masivos. Es difícil definir el tipo de lector por las propias características que tiene el sector. Al ser tan heterogéneo, se producen textos sobre ciencias sociales y ensayos pero también de literatura contemporánea; están las más artesanales pero también las que constituyen PyMEs; están las que adquieren un carácter más militante y de compromiso político, pero también están las que no.

-Dicha heterogeneidad, tal vez, sea su principal virtud. Por último, soñemos un poco: la Universidad se prepara para cumplir 30 años. ¿Qué te gustaría contarme si tuviéramos esta charla en las próximas décadas? Me refiero a tu campo de estudio y a nivel institucional.
-Me gusta imaginar una Universidad que conserve y potencie su gusto por la inclusión, el respeto por el trabajo y la pluralidad de voces. La UNQ es una institución que en sus treinta años de vida ha sabido transformarse y ha desarrollado capacidades para articular la calidad educativa y la participación comunitaria. Quiero proyectar mi investigación, de aquí a las próximas décadas, anclada en estos modos de saber-hacer vinculados a los procesos sociales. Me encantaría que ya no existiesen grandes multimedios ni actores editoriales, sino que hablemos de libertad en la producción de ideas con distintos colores, estéticas y narrativas, donde la expresión clave no sea “resistencia” sino “construcción cotidiana”.

-Un tanto utópico…
-Me pediste que sueñe.

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