“El cooperativismo y mutualismo no fue reconocido como parte del empresariado nacional”

Rodolfo Pastore es economista (UBA) y tiene estudios de posgrado en sociología económica y economía agroalimentaria. Llegó a la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ) en 1994, donde, además de ser docente investigador, actualmente dirige el Departamento de Economía y Administración.

Formado en economía heterodoxa, cuenta que desde 1985 trabaja desde una perspectiva que debate cuestiones sociales, que piensa el desarrollo de otra forma, “en clave de derechos y capacidades”. Destaca que su educación, guiada por Miguel Teubal (referente en el mundo de la economía agraria heterodoxa), le permitió tener una perspectiva social y de economía política. Asimismo, lo obligó a introducirse en cuestiones vinculadas a estrategias de la industria agroalimentaria. “Me sirvió para entrarle al tema de la competitividad, los sistemas agroalimentarios, las cadenas de valor y las estrategias empresarias en un marco de transnacionalización y gran distribución”, con la aparición de las cadenas de supermercados.

Narra también que, en su investigación, considera dos acepciones de la cuestión social. Una, como problemática, como necesidades sociales insatisfechas; cuestiones vinculadas, en su momento, a la pobreza, la desigualdad, la falta de trabajo o la exclusión social. Otra, como actor de la transformación social, concepto que será clave para pensar cómo pasar de las cuestiones mencionadas a una situación de avance de los sectores populares. Aquí, explica en qué consiste su trabajo en el campo de la economía social y solidaria.

-¿Cómo se constituye, en el sector urbano, la economía social?
-Por sector urbano se entiende a las grandes ciudades pero también a las medianas y a los pueblos del interior. Lo que existe allí es un entramado de cooperativas y mutuales, que tienen 200 años y que forman lo que llamamos una economía social institucional.

-¿Qué significa esto?
-Que son grandes organizaciones económicas de muchos años, con una gestión empresaria muy fuerte y democrática, que están asentadas en los territorios, que generan trabajo y tienen una finalidad social. Son las que proveen servicios de energía, gas, telefonía y comunicaciones, entre otros. El cooperativismo y mutualismo es un gran sector empresario social que no ha sido reconocido como parte del empresariado nacional.

-¿Por qué?
-Porque es fundamental. Son empresas, grandes en algunos casos, desconocidas, ninguneadas y poco promocionadas. Por caso, el 50% de la provisión de energía eléctrica en la Provincia de Buenos Aires se garantiza a través de cooperativas.

-¿Cuáles son sus características?
-Las cooperativas y mutuales no tienen una finalidad lucrativa. Esto no quiere decir que no tengan excedentes si hacen bien las cosas, pero su objetivo es reinvertirlos con una finalidad social. Además, se gestionan de forma democrática. Si bien pueden existir las jerarquías, por ejemplo, en las cooperativas de servicios los clientes son usuarios y esos usuarios son socios con capacidad -potencial o real- de ejercer esa democracia. Aquí, la toma de decisiones no está asociada a la posesión de capital sino a la idea de “una persona, un voto”. Por otro lado, están asentadas en el territorio, lo cual es clave porque implica que la agenda territorial será central y, dentro de ella, la importancia de los puestos de trabajo.

-¿A qué se refiere con esto?
Si bien en Argentina existen pocos indicadores económicos, debido a su alta invisibilización, en Europa está demostrado por estudios cuantitativos recientes que la economía social, en situaciones de auge económico, es la que genera en términos proporcionales un mayor crecimiento de puestos de trabajo; mientras que en momentos de crisis es donde se registra una menor pérdida de esos puestos.

-¿En qué consisten las nuevas corrientes de la economía solidaria?
-La economía solidaria consiste en iniciativas de personas, colectivos o comunidades que se asocian para atender problemáticas sociales, mediante acciones socioeconómicas con finalidad social y gestión democrática. La diferencia es que innovan, generan nuevas formas de atención de esas necesidades.

-¿Por ejemplo?
-Si consideramos la dificultad para acceder al sistema crediticio en el mundo, debido tanto a la falta de inclusión financiera como a la participación de ese dinero en circuitos ilegales, la economía solidaria tiene iniciativas en el sector financiero que son impresionantes. Un caso son los programas de microcréditos, donde el peso fundamental está en la confianza, en la credibilidad. Otro ejemplo son las iniciativas vinculadas a la banca ética, que realiza un seguimiento del dinero que ingresa al sistema financiero. Otro caso es la industria del software en nuestro país, que también es digna de mencionar, ya que hay un cooperativismo impulsado por profesionales y técnicos que es muy fuerte.

-La clave, entonces, está en la asociación.
-Claro. Tanto en la economía social institucional como en la economía solidaria y en la economía popular, la única estrategia viable de crecimiento y sostenibilidad de desarrollo genuino del sector es la asociación. La construcción colectiva de esa economía es fundamental para armar una agenda reivindicativa y de desarrollo.

-¿Cómo sería una agenda de la economía social y solidaria?
-La agenda hegemónica en América Latina es el extractivismo, pero el desarrollo a largo plazo en el siglo XXI no puede tener esa estrategia. Se necesita otro enfoque del desarrollo productivo para el agro, las energías y las economías regionales, que, a su vez, se combine con una agenda vinculada a energías renovables, a una agricultura sustentable y un desarrollo de alimentos sanos. Y todo esto se hace con un sistema científico técnico que acompañe. Por ejemplo, tenemos por delante el tema de las energías renovables. Aquí hay una cuestión: o se la quedan las grandes empresas o podemos crear estrategias que se vinculan al entramado de las pequeñas empresas cooperativas del interior del país. El objetivo de esta agenda estratégica de la economía social y solidaria es, en última instancia, que no nos condenen a ser el reservorio de todo aquello que no se puede o no quiere hacerse en los países centrales.

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