Día de la Industria: radiografía y futuro de un sector en terapia intensiva

*Por Germán Herrera Bartis, docente investigador del Departamento de Economía y Administración de la UNQ.

Todos los 2 de septiembre se conmemora el Día de la Industria. Lamentablemente, la fecha encuentra al sector industrial de nuestro país en una coyuntura muy compleja. La fuerte expansión que la industria argentina había experimentado tras el derrumbe económico de 2001-2002 se detuvo en 2011 y, a partir de allí, la producción industrial se mantuvo estancada hasta 2015.

Cuando el gobierno que asumió en diciembre de ese año cambió la política económica, el desempeño del sector se agravó considerablemente. De hecho, si se realiza una lectura sectorial comparada, puede decirse sin demasiadas dudas que la industria nacional ha sido la gran perdedora del actual ciclo político, dado que se contrajo en una cuantía muy superior a la del conjunto de la economía. En estos últimos tres años y medio su producción cayó más del 10% y se destruyeron –en términos netos– unos 140 mil empleos industriales formales. Hoy, en promedio, más de un 40% de la capacidad productiva instalada en la industria se encuentra ociosa, pero la inactividad fabril alcanza picos del 52% y del 66% en sectores clave, como el entramado metalmecánico y la cadena automotriz.

¿Por qué le fue tan mal a la industria nacional en los últimos años? Básicamente, por la acción simultánea de dos elementos nocivos. En primer orden de importancia, por la marcada caída que sufrió el consumo interno, explicada por la licuación de los ingresos reales de la población. Y, de forma adicional, por una mayor presencia de los productos importados en el mercado doméstico. Si se tiene en cuenta que, en promedio, cerca del 80% de la producción industrial argentina tiene como destino el propio mercado interno de nuestro país, podrá entenderse que la combinación de una menor capacidad de demanda por parte de los hogares y de las empresas junto a una mayor incidencia de las importaciones representa una conjunción crítica para el entramado manufacturero local.

Nuestro país enfrenta el enorme desafío de superar esta coyuntura negativa y movilizar las múltiples capacidades latentes con las que cuenta nuestra industria. No debemos olvidarnos que la Argentina ha sido históricamente una de las economías de mayor desarrollo industrial entre los países de la región y, en general, entre los diversos países emergentes del mundo. Sin embargo, más allá de nuestros antecedentes y capacidades en la materia, sería ingenuo esperar una recuperación por generación espontánea.

Es necesario, entonces, organizar una agenda programática de políticas de reindustrialización modernas e inteligentes, que apueste a recuperar muchas de las actividades industriales “complejas” –en términos productivos y tecnológicos– en las que nuestro país alcanzó capacidades importantes en el pasado. También es fundamental que esta iniciativa construya una articulación virtuosa entre la industria tradicional y distintas actividades de servicios modernos de alta productividad en los que el país viene mostrando avances promisorios (como el sector de software, la biotecnología o las energías no convencionales). Asimismo, esa agenda deberá promover una vinculación entre el universo productivo y las instituciones del ecosistema científico-tecnológico local mucho más profunda que la alcanzada en el pasado.

Sin duda, una agenda tal requerirá, además, contemplar la elaboración de nuevos mecanismos institucionales de articulación entre el sector público y privado. Todas las estrategias nacionales de desarrollo exitosas contaron con ese tipo de mecanismos, los cuales usualmente incluyeron la simultanea construcción de una burocracia pública estable, eficiente y jerarquizada para interactuar con el empresariado. Pero no hay que adelantarse: las diversas experiencias históricas internacionales también nos enseñan que el punto de partida de todo cambio estructural que haya logrado promover el desarrollo económico y social de largo plazo involucró, antes que todo lo demás, una decisión de naturaleza política. Ojalá que la Argentina y su industria estén cercanos a divisar dicha decisión.

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