“Con o sin crisis, tenemos la obligación de mirar hacia adelante”

“Vivimos en tiempos en que la cultura del odio empieza a penetrar los diferentes espacios de la malla social. Tenemos una gran crisis económica por una gestión que nos ha conducido a ello, sin embargo, las broncas las expresamos entre nosotros, entre los propios ciudadanos”, señala Alfredo Alfonso, vicerrector de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ). Y continúa: “Las universidades deben servir para recomponer aquello que se rompió. En la UNQ la gente se siente tan cómoda como en su casa, para nuestra gestión eso no hace más que producir orgullo”.

La institución cumple 30 años y, para ser francos, se la observa más bonita que nunca. Durante el último tiempo, ante un contexto desfavorable para la educación superior, la ciencia y la tecnología, ha sabido sortear las situaciones adversas y configurar un auténtico lugar de resistencia. Un sitio desde el cual jamás ha renunciado a su principal propósito: proyectar futuro. Desde aquí, nada mejor que prestar atención a la mirada prospectiva de una de sus principales autoridades.

-¿Cuál es el rol de las universidades públicas en contextos de ajustes y retrocesos como este?
-El máximo capital social de las universidades públicas es de carácter simbólico, un logro edificado durante años y con mucho esfuerzo. El origen formativo de nuestros premios Nobel fue en instituciones de esta índole, de los cuales tres fueron obtenidos en el campo de las ciencias y ello, por supuesto, no constituye un aspecto menor en un país periférico como es Argentina.

-Tenemos una tradición en enseñanza superior pública que nos distingue del resto de los países latinoamericanos…
-Es cierto. Si bien las de carácter privado son muchas, las públicas reúnen el 80% de la matricula estudiantil del país. Constituye un índice completamente distinto a lo que ocurre en el resto de las naciones de la región. Argentina funciona como referencia por sus universidades cogobernadas, públicas y gratuitas desde hace ya 70 años. Sin embargo, a nivel general como sociedad, nos hemos acostumbrado a una situación de crisis cíclicas y como institución no podemos transitar estos lapsos desfavorables sin pensar que existe una necesidad de seguir proyectando hacia el futuro. Por ello, en estos 30 años que cumplimos es muy bueno realizar balances, mirar hacia atrás y reconocer todo lo que hemos construido, pero sin dejar de pensar en los nuevos desafíos que se avecinan. Con o sin crisis, tenemos la obligación de mirar hacia adelante.

-Ojalá que sin crisis, entre otras cosas, para poder trabajar con mayor comodidad.
-Por supuesto. Siempre pienso que en la medida en que tengamos un oído muy atento a las necesidades sociales y el otro muy despierto frente a los requerimientos productivos, nos colocaremos en un centro de articulación fundamental para el futuro de lo local y el país. En este sentido, creemos que el rol de las universidades en la sociedad es formar profesionales comprometidos y conscientes de la enorme diversidad de realidades que comprende nuestro país. Intelectuales que entiendan, particularmente, que la UNQ no está separada del sistema nacional compuesto por 57 universidades nacionales sino que forma parte de ese gran cuerpo, que debe tender siempre a la reflexión y a la acción.

-¿Cuáles son las relaciones al interior del sistema universitario?
-Muy buenas. Un ejemplo es lo que ocurre con los desarrollos en informática; cuando nuestra Universidad avanza en algún aspecto lo pone al servicio del SIU (Sistema Informático Universitario) para que pueda ser empleado y aprovechado por otras casas de estudio. La última incorporación ha sido el denominado “MiUNQ”, pero también se han realizado aportes vinculados al sistema de cobro digital y al control de asistencia. Por otra parte, es muy satisfactorio trabajar en conjunto con otras universidades cercanas como la de Avellaneda (Universidad Nacional de Avellaneda) o la de Florencio Varela (Universidad Nacional Arturo Jauretche).

-¿Se refiere a las articulaciones en el mundo académico?
-Sí, desde hace un tiempo reunimos esfuerzos para que los estudiantes de grado de las tres instituciones pudieran cursar algunas materias en las sedes de las otras universidades. El propósito, en este caso, es fomentar la idea de sistema universitario público. Queremos que nuestros alumnos desarrollen sensibilidad social, compromiso con el conocimiento generado de manera articulada y que aprovechen las relaciones más estrechas que intentamos tejer con el ámbito productivo, generador de fuentes laborales. Buscamos formar estudiantes que, al graduarse, tengan la chance de ser incorporados rápidamente al empleo formal.

-Por último, ¿qué distingue a universidades como la nuestra respecto de las más tradicionales?
-A diferencia de otras instituciones como la UBA o la UNLP, más viejitas y con otros contextos de institucionalización y apropiación social, la UNQ nació como una institución al calor del siglo XX. Emergió con la premisa de insertarse en un contexto lleno de enormes contradicciones. De hecho, fue creada con plena conciencia respecto de un escenario donde la cantidad de asentamientos es notable y la cultura del trabajo ha sido fuertemente erosionada. Como nacimos de la crisis siempre supimos que debíamos movernos con cautela, escuchar a todos, revisar nuestros propios errores y promover al máximo las posibilidades de crecimiento y desarrollo que se nos presentaban.

-Una institución con un fuerte anclaje territorial…
-El anclaje en el territorio es la base de todo. Nuestra Secundaria Técnica se ha transformado en referencia ineludible para los vecinos de esta localidad. Por otro lado, cuando solicitamos el Abrazo simbólico el año pasado fue notable el apoyo social que recibimos; sin dudas, superó con creces todas las aspiraciones que teníamos. No hay mejor muestra del respaldo con el que contamos, tenemos vecinos que quieren a esta casa y la van a defender siempre. Eso nos llena de orgullo, nos hace ver que vamos por buen camino y nos estimula a seguir trabajando con esta orientación.

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